miércoles, 21 de diciembre de 2011

Macarons de foie gras y caramelo balsámico

Retomo la actividad (¡por fin!) para celebrar el aniversario de este pequeño espacio culinario. Este silencio ha sido el resultado de un maremoto de proyectos personales y profesionales de naturaleza muy variopinta. Lamento no haber dado señales de vida en todos estos meses. Y como de momento el panorama no tiene visos de cambiar, me parece más razonable adquirir un compromiso más ajustado a mis posibilidades actuales. ¿Qué os parece encontrarnos aquí, una vez al mes, con nuevas recetas?
Este mes, al igual que el año pasado, colaboro con la revista online Tertulia Andaluza en su número especial de Navidad. Estoy segura de que, si os pasáis por su web, encontraréis propuestas de lo más interesante. Entre ellas, la mía. He pensado que, para esta ocasión, un aperitivo sorprendente nunca está de más. Pese a que los tradicionales macaron franceses suelen estar rellenos de cremas dulces de mil sabores y colores, también pueden quedar maravillosos con un toque salado: una galleta de almendras, una crema de foie gras y una pincelada de reducción de balsámico. Sin duda, un bocado diferente. ¡Felices fiestas!




Para elaborar los macaron se requiere una técnica que, sin ser muy complicada, es necesario aplicar para obtener buenos resultados. En el procedimiento paso a paso os iré comentando los truquillos que he ido recopilando de aquí y de allá. Probablemente sea necesario hacer una primera tanda de prueba para poder subsanar en la segunda tanda los posibles errores cometidos. Os animo a que os liberéis de todas vuestras reservas, porque el esfuerzo realmente merece la pena. Además, una vez dominada la técnica, el mundo de posibilidades que se abre es infinito…


Procedencia: receta adaptada de ChezNini


Ingredientes:
Para unos 16 macarons:
2 claras de huevo (70 g) envejecidas*
80 g almendra molida
130 g azúcar glas
30 g azúcar
Para la crema de foie gras:
120 g de foie gras
pimienta negra recién molida
Para el caramelo balsámico:
100 g de azúcar
100 ml de vinagre balsámico


*Las claras de huevo envejecidas son claras que, una vez separadas de la yema, se han dejado reposar al menos 24 horas a temperatura ambiente o bien varios días en el frigorífico. También pueden utilizarse las claras pasteurizadas que se venden en supermercados.


Elaboración:
Para hacer los macaron:
1. Pulverizamos la almendra molida en un procesador de alimentos o en un molinillo de café y la mezclamos con el azúcar glas. Tamizamos ambas cosas.
2. Introducimos la clara de huevo en un bol o un cazo para baño maría que colocamos sobre una cacerola a fuego medio. Batimos suavemente a mano con unas varillas aproximadamente 1 minuto. Cuando empiecen a espumar retiramos de la cacerola y colocamos el bol sobre el espacio de trabajo. Batimos con unas varillas eléctricas a velocidad 1 hasta que las claras adquieran cierta consistencia. Añadimos poco a poco el azúcar a velocidad 2 hasta obtener un merengue blanco y brillante.
En este momento podemos añadir el colorante (2 gotas de colorante amarillo) y terminamos de batir a velocidad 1 para que quede totalmente incorporado.
3. La mezcla de almendra y azúcar debe añadirse al merengue en 4 o 5 tandas. Para ello, tamizamos un par de cucharadas de esta mezcla sobre el merengue y, con la ayuda de una espátula, lo incorporamos con movimientos envolventes suaves, girando el bol un cuarto de vuelta. Repetimos la operación hasta acabar con la mezcla. La pasta debe quedar suave y sin grumos. Es importante que no pierda la forma, para ello no debe estar ni demasiado espesa ni demasiado fluida.
4. Forramos una bandeja de horno con una lámina de silicona o papel sulfurizado.
5. Introducimos la pasta en una manga pastelera con una boquilla lisa de 10 mm. Colocamos la boquilla de forma perpendicular a la bandeja y presionamos hasta obtener un círculo de unos 2,5 cm de diámetro. Para que no se formen picos en la superficie, al dejar de presionar subimos la boquilla haciendo un rápido movimiento circular en el sentido de las agujas del reloj. Sujetamos la bandeja con las dos manos, la elevamos un poco y la dejamos caer sobre la superficie de trabajo para que los macaron terminen de adquirir la forma adecuada.
6. Retiramos la lámina de silicona o el papel sulfurizado de la bandeja con cuidado de que no se deformen los macaron. Colocamos esta bandeja en el frigorífico unos 40 minutos mientras los macaron forman costra. Esta fase de reposo es muy importante para que los macaron formen su famoso «pie» durante el horneado.
7. Al cabo de 30 minutos, precalentamos el horno a 160°C (opción de convección o con calor arriba y abajo) con una bandeja sobre la cual posteriormente colocaremos la bandeja de los macarons.
8. Una vez transcurrido el tiempo de reposo, colocamos la lámina de silicona sobre la bandeja que ha estado en el frigorífico y ésta, a su vez, sobre la bandeja precalentada. Horneamos durante 10 minutos y bajamos a 140°C durante 3-5 minutos más. Estos tiempos de horneados son aproximados. Como cada horno es un mundo, es importante realizar una prueba con una pequeña tanda.
9. Sacamos la bandeja del horno y dejamos enfriar totalmente los macaron en ella antes de despegarlos de la lámina de silicona o de retirar el papel sulfurizado con suavidad.


Para hacer la crema de foie gras:
1. Sacamos el foie gras del frigorífico y dejamos atemperar.
2. Con la ayuda de un tenedor, mezclamos el foie con la pimienta hasta obtener una consistencia cremosa.
3. Ponemos un poco de esta crema en el centro de un macaron y, a continuación, colocamos otro encima. Presionamos con cuidado de no romperlos porque son delicados.
5. Los colocamos en un recipiente hermético y los dejamos reposar en el frigorífico 24 horas. Una vez pasado este tiempo, ya podemos sacarlos y dejarlos a temperatura ambiente antes de consumirlos.
6. Emplatamos los macaron y los decoramos con unas finas hebras de caramelo balsámico.


Para hacer el caramelo balsámico:
1. Ponemos a hervir ambos ingredientes en un cazo.
2. Bajamos el fuego y dejamos reducir durante 15-20 minutos a fuego suave, removiendo de vez en cuando.
3. El caramelo estará listo cuando al poner una gota en un plato frío ésta se endurece de inmediato.
4. Este caramelo se conserva un mes aproximadamente en un frasco o un biberón listo para futuras aplicaciones.


Sugerencias: Si no tenemos demasiado tiempo, podemos utilizar una buena reducción de balsámico o incluso caramelo líquido. Y, por supuesto, también podemos rellenar los macaron de algún paté que nos guste.

lunes, 13 de junio de 2011

Souvlaki party!!

Con la que está cayendo, me declaro una fan incondicional de la Grecia contemporánea. He tenido la gran suerte de vivir allí unos años y de explorar muchas regiones del país, y he de decir que me quedo con todo: con sus genialidades (que son muchas) y sus debilidades (que también son muchas). Si no habéis estado nunca en Grecia, os animo de todo corazón a que —al menos— hagáis un viaje gastronómico para descubrir algunas de las numerosas y excelentes especialidades regionales. No me lo había propuesto hasta ahora, pero no sería mala idea incluir una sección especial sobre cocina griega. En parte, porque la practico casi a diario y, en parte, porque así pongo mi granito de arena para que se conozca una de las partes más brillantes de este país que tanto quiero.

Si bien la cocina griega también puede llegar a ser muy refinada, hoy comienzo con una de las propuestas más sencillas y "exportadas" de su repertorio: el souvlaki (se lee "suvlaki"). Se trata del fast food griego por antonomasia. Hasta tal punto que prácticamente podrás encontrar un local especializado en souvlaki —lo que en Grecia se conoce como souvlatzidiko— en cualquier esquina de la ciudad. Si bien es cierto que la calidad de todos los souvlaki no es la misma, este bocado rápido y económico es mil veces más sano (y sabroso) que la mayoría de la comida basura que prolifera en muchas dietas urbanas.

Una breve clase práctica. Pese a que souvlaki sea el término más general y conocido (en realidad significa "brocheta"), cuando entras en un souvlatzidiko no pedirás un souvlaki. En general tienes varias opciones, pero, sobre todo, tienes dos: pita kalamaki o pita giro (se lee "yiro"). Si pides una pita kalamaki normalmente te darán un pinchito de carne (normalmente de cerdo, aunque también puedes encontrar de pollo) que va marinada en especias y limón, cocinada a la plancha y envuelta en un pan de pita griego con su guarnición.
Si pides una pita giro normalmente te darán una especie de shawarma, es decir, tiras de carne (de cerdo o pollo) asada que van envueltas en un pan de pita y llevarán la misma guarnición que la pita kalamaki.
Sin embargo, los términos kalamaki y giro son opciones frecuentes en la zona central y sur de Grecia (muy típico en Atenas), mientras que en la zona norte del país (como, por ejemplo, en Salónica) el concepto de pita kalamaki —que se dice suvlaki sandwich— es mucho menos popular y, sin embargo, es mucho más frecuente encontrar el sutzuki, una especie de hamburguesa de cordero al estilo turco.
Además, cuando vas a un souvlatzidiko verás que estas dos formas de presentar la carne (kalamaki y giro) también pueden servirse en modo ración (que en griego se dice "merida"), es decir, en un plato, con su guarnición y la pita aparte.

La guarnición depende mucho de un local a otro y también de la región en la que te encuentres. Digamos que si, por ejemplo, pides una pita kalamaki "me apola" (es decir, con todos los ingredientes de la guarnición) te pondrán como mínimo una rodaja de tomate, unas rodajas de cebolla, perejil y tzatziki (la famosa salsa de yogur y pepino). Pero como ya decía antes, cada región tiene su especialidad. Por ejemplo, en Corfú es típico incluir algunas patatas fritas (tradicionales, no de bolsa) y espolvorear el conjunto con un poco de pimentón dulce. Otra variante: si el souvlaki es de pollo, se servirá con mostaza y no tzatziki. En fin, estas son las diferencias que hacen que el "universo souvlaki" sea mucho más variado y apetecible.

Imaginaos hasta qué punto el souvlaki es un signo de identidad en Grecia que desde hace años incluso cuenta con sus propios premios anuales. Y la gente se desplaza hasta un determinado barrio en busca del souvlaki ganador. Os garantizo que probar un buen souvlaki —y no me refiero a un souvlaki gourmet, que también los hay ya— es una experiencia culinaria inolvidable.

Después de toda esta charla, os ofrezco la posibilidad de que, por un rato, convirtáis vuestra cocina en un souvlatzidiko y ofrezcáis a vuestra familia o a vuestros amigos una fiestecilla griega... ¡¡con un souvlaki ganador!!


Para 12 souvlaki

Ingredientes:

Para la carne:
500 g carne de cerdo que no sea totalmente magra (cabezal, por ejemplo), cortada como para pinchitos
2-3 c.s. orégano
zumo de 1 limón
1 diente de ajo
1 c.c. pimienta negra
1 c.c. pimentón (opcional)
aceite de oliva

Para el tzatziki:
2 yogures griegos (ojo, sin azucarar)
1 pepino mediano (rallado)
¼ diente de ajo
aceite de oliva
zumo de limón
sal

Para montar los souvlaki:
8 pitas (si te apetece hacerlas caseras, pincha aquí)
cebolla roja (en juliana)
tomate (en láminas)
8 c.s. de tzatziki
perejil (troceado)
pimentón dulce (opcional)


Elaboración:

La víspera, marinamos la carne. Para ello, ponemos los trozos de cerdo en un taper grande junto con el aceite, el zumo de limón, el ajo triturado, la sal y las especias. Movemos bien para que el condimento quede repartido de forma homogénea. Dejamos reposar toda la noche. De esta forma la carne quedará más sabrosa y tierna. Si no es posible marinar la carne tanto tiempo, con un par de horas también quedará bien.

Por la mañana (o incluso la víspera) hacemos el tzatziki. Para ello, rallamos el pepino y lo dejaremos escurrir una hora aproximadamente en un colador con un poquito de sal para que vaya soltando su agüilla. De esta forma, evitamos el amargor del pepino.

En un bol no muy grande, mezclamos el yogur, el pepino, el ajo triturado (o cortado muy finito), un chorrito de aceite, un poquito de zumo de limón, y una pizca de sal. Probamos y rectificamos de sal o limón según veamos. Aquí ya es cuestión de gustos. Dejamos reposar en el frigorífico unas horas para que se mezclen bien los sabores.

Ensartamos los trozos de carne. Si los pinchos son de madera, tenderemos que haberlos puesto previamente en remojo media hora aproximadamente.

Troceamos la cebolla, el tomate y el perejil para la guarnición.

Encendemos una plancha de cocina a fuego medio (o bien asamos en barbacoa) y hacemos bien los pinchitos para evitar que queden crudos por dentro. Los apartamos.

Pincelamos las pitas con un poco de aceite y las colocamos sobre la plancha hasta que estén jugosas y calentitas por ambos lados.

Nos ponemos un guante de cocina. Colocamos la pita (caliente) sobre la palma de la mano y, sobre ella, el pinchito. Cerramos el puño y sacamos el pincho de madera. De este modo, los trozos de carne quedarán alineados sobre nuestra pita. A continuación, ponemos una cucharada (o más) de tzatziki, unas láminas de tomate y una rodajitas de cebolla. Espolvoreamos con perejil troceado y, si nos apetece, con un poco de pimentón dulce.

Llegados a este punto, nos podemos comer el souvlaki en un plato (en plan merida) o bien enrollado (en plan pita kalamaki). En este segundo caso, nos ayudamos de un trozo de papel de hornear (de 18x18 cm) para enrollar la pita, procurando que al envolverla quede como un cartucho. ¡Y a disfrutar!

Pan de pita



Procedencia: Adaptación de Falling Cloudberries de Tessa Kiros


Para 12 pitas

Ingredientes:

10 g levadura fresca
100 g agua
2 c.s. aceite de oliva
1 pizca de azúcar
500 g harina
1 c.c. sal

Elaboración:

Deshacemos la levadura en el agua tibia y removemos hasta que se deslía. Incorporamos el aceite y el azúcar y dejamos reposar 15-20 minutos o hasta que la mezcla comience a burbujear.

En un bol grande tamizamos la harina junto con la sal. Hacemos un hoyo en el centro y añadimos el prefermento que hemos preparado. Vamos mezclando y añadiendo el agua necesaria hasta obtener una masa suave. Volvamos la masa a una superficie de trabajo enharinada y amasamos hasta que la bola sea lisa y elástica (unos 10 minutos).

Colocamos la masa en el bol (ligeramente engrasado) y cubrimos con un paño de cocina. Dejamos reposar aproximadamente 1 hora hasta que la masa haya doblado su volumen. Volcamos de nuevo la masa sobre la superficie de trabajo y la quebramos, es decir, sacamos el aire que contiene presionado con los puños. Hacemos un amasado rápido y dividimos la masa en doce porciones. Boleamos cada porción y las colocamos a cierta distancia unas de otras sobre una superficie ligeramente enharinada. Las espolvoreamos con harina, las cubrimos con un paño y las dejamos reposar de nuevo unos 30 minutos hasta que vuelvan a leudar.

Mientras, encendemos el horno a 220ºC. Colocamos dos bandejas de horno dentro para que cojan mucho calor.

Estiramos cada bola con la ayuda de un rodillo o con las manos hasta que tenga un diámetro de unos 16 cm.

Sacamos las bandejas calientes del horno, colocamos las pitas que quepan, las pulverizamos con un poco de agua y las metemos en el horno, procurando no colocar la bandeja en las posiciones superiores. Horneamos durante 8 minutos o hasta que se infle la parte central de las pitas y éstas hayan cogido un poco de color. Les damos la vuelta y dejamos cocer otros 2 minutos. Se obtienen mejores resultados haciéndolas por tandas.

Si no se van a consumir en el momento, pueden conservarse en el frigorífico y calentarlas justo antes de utilizarlas, precalentándolas en el horno o bien sobre una plancha de cocina o la barbacoa.

Una vez se hayan enfriado, también pueden congelarse en bolsas de plástico herméticas.

Ensalada griega



Para 4 personas

Ingredientes:
2 tomates bien maduros
1 pimiento verde de asar (no muy grande)
1 pepino
½ cebolla roja
150 g aceitunas de Kalamata
150 g queso feta
120 ml aceite de oliva
zumo de ½ limón o 2 c.s. de vinagre
eneldo u orégano

Elaboración:

Lavamos bien las hortalizas. En una ensaladera amplia, cortamos el tomate, el pimiento y el pepino en trozos no demasiado pequeños. Cortamos también la cebolla en juliana.

Aliñamos la ensalada con el aceite, el limón (o el vinagre) y la sal. Añadimos las aceitunas y removemos bien.

La tradición en Grecia consiste en colocar un trozo grande de queso sobre la ensalada, para que luego los comensales vayan cortando los pedazos que deseen en cada pinchada. Vertemos un chorrito de aceite sobre el trozo de queso y espolvoreamos toda la ensalada con el eneldo (o el orégano).

¡Buen provecho!

lunes, 30 de mayo de 2011

Crumble de frambuesas y peras

Retorno a la actividad primaveral con un postre apto para todos los públicos. Como muchos ya sabéis, el crumble es una deliciosa combinación de crujiente galleta y trozos de fruta recién salidos del horno cuya sencilla elaboración la convierte en una receta perfecta para cocinar con niños. 

Enciende el horno y, mientras tú vas troceando la fruta, ellos amasan los ingredientes como si fuera plastilina. Cubrimos la fruta con la masa y ¡al horno! Unos 25 minutos después tendremos sobre la mesa el resultado de nuestro juego.

Como veis se trata de una estupenda forma de que los niños coman fruta. Y además, como admite una gran variedad de ellas, puede adaptarse a todos los gustos o incluso puede servir como excusa para explorar nuevos sabores.

El crumble —postre británico donde los haya— suele servirse acompañado de una bola de helado, nata montada o unas natillas. Es decir, un motivo más para que los pequeños entren rápidamente en el juego.

Con esta receta tengo el gusto de participar en el número especial sobre niños que presenta Tertulia Andaluza para el mes de junio. No dejéis de echarle un ojo porque sus propuestas os van a sorprender.



 
Ingredientes:
150 g frambuesas
350 g peras
100 g mantequilla (fría de la nevera)
100 g harina
70 g almendra en polvo
100 g azúcar moreno
1 pizca de sal

Elaboración:

1. Precalentamos el horno a 180ºC (con la opción de arriba y abajo).

2. Pesamos la mantequilla (muy fría, ahí reside parte del secreto) y la cortamos en dados pequeños.

3. Pesamos el resto de los ingredientes.

4. En un bol grande ponemos todos los ingredientes (salvo la fruta). Amasamos bien hasta obtener una masa de textura arenosa o grumosa.

5. Troceamos la fruta y la colocamos en un molde apto para horno que no sea demasiado amplio.

6. Cubrimos la fruta con los grumos de masa.

7. Horneamos unos 20-25 minutos hasta que la superficie esté bien doradita.

8. Habitualmente se sirve caliente recién salido del horno o bien tibio.

Sugerencia: También puede emplearse harina integral o bien una mezcla de integral y blanca a partes iguales. Asimismo, podemos utilizar azúcar blanca. Cuestión de gustos.


lunes, 25 de abril de 2011

Yemistá: tomates, pimientos y calabacines rellenos de arroz

Siempre he pensado que este sencillo plato de hortalizas rellenas es 100% primaveral: lleno de color y sabor, sin que resulte demasiado pesado.

Es probable que fuese el primer plato que probara en mi primer viaje a Atenas, ya que la misma tarde que llegué, la vecina de abajo me obsequió con un plato de tomates rellenos como gesto de bienvenida. Y yo —como siempre voy con mi cuaderno de recetas a todas partes, tomando nota de todo aquello que me llama la atención— nada más probarlos, me vi obligada a pedirle la receta. Me quedé estupefacta al comprobar que los tomates iban al horno ¡¡en pleno mes de julio, con al menos 40 grados!! En efecto, en Grecia se prepara este plato en todas las épocas del año, incluso en verano.

Se trata además de una propuesta al alcance de cualquier despensa, ya que los ingredientes son realmente básicos: arroz, hortalizas de temporada (los tomates, los pimientos de todos los colores y los calabacines suelen ser los más empleados), aceite de oliva y hierbas aromáticas.

He de decir que hay tantas variantes como hogares en Grecia. Cada cual tiene su truco particular. Hay quien espolvorea los tomates con un poco de azúcar antes de hornearlos. Hay quien añade una pizca de canela al relleno. Hay quien los prefiere con carne picada. A mí personalmente me gustan más en su versión vegetariana, con hortalizas variadas que pueden compartirse para poder probar un poco de cada.

Otra ventaja que ofrece este plato es que puede hacerse sin problemas con antelación. Y además puede servirse a temperatura ambiente (en los meses más calurosos) o bien en caliente (en los meses más fríos). A mí me encanta acompañarlos con un buen trozo de queso feta y aceitunas negras, a ser posible de Kalamata.

Como veis, es un todoterreno.


 
Procedencia: Adaptación de Falling Cloudberries de Tessa Kiros

Ingredientes:

2 cebollas grandes (troceadas o ralladas muy finas)
150 g perejil fresco (picado fino)
250 g arroz de grano corto
4 c.s. aceite de oliva + 125 g adicionales
1 c.c. pimentón (llena)
1 c.c. hierbabuena seca
1 c.c. pimienta negra
2 c.c. sal
6-8 tomates maduros
4 pimientos de asar
4 calabacines medianitos
4 patatas (cortadas por la mitad a lo largo, y cortadas de nuevo en dos o tres trozos)
3 c.s. mantequilla (derretida)
zumo de ½ limón

Elaboración:

Precalentamos el horno a 220ºC.

En un recipiente grande ponemos la cebolla, el perejil, el arroz, el aceite, el pimentón, la hierbabuena, la sal y la pimienta. Mezclamos bien.

Cortamos la parte superior de los tomates (a modo de tapa) y reservamos. Vaciamos su interior con una cucharita sosteniéndolos sobre un bol para recoger los juegos que sueltan. Troceamos la pulpa que hemos obtenido y la añadimos al recipiente con el arroz, junto con la mitad de los jugos del tomate. Reservamos el resto del jugo de tomate. Colocamos los tomates en una bandeja para horno.

Cortamos la parte superior de los pimientos (a modo de tapa), dejando un trozo sin cortar de unos 2 cm, y reservamos. Retiramos las semillas. Colocamos los pimientos en la bandeja junto con los tomates (no importa si no se quedan de pie).

Cortamos una rodaja (a modo de tapa) de un lateral del calabacín. Vaciamos su interior con una cucharita, troceamos la pulpa que hemos obtenido y la añadimos al recipiente con el arroz. Colocamos los calabacines en la bandeja junto con los tomates y los pimientos. Si los calabacines no son muy grandes, también se pueden cortar por la mitad, vaciarse y rellenarse por separado.

Rellenamos las hortalizas con la mezcla preparada, procurando no llenarlas en exceso, ya que el arroz aumentará de volumen durante la cocción. Alrededor de las hortalizas colocamos las patatas troceadas.

En un bol, incorporamos el resto del aceite (125 g), el jugo de tomate que habíamos reservado, la mantequilla, el zumo de limón y 375 ml de agua. Mezclamos bien y lo vertemos sobre las hortalizas y alrededor de ellas. Colocamos las tapas (o sombreritos) sobre los tomates, los pimientos y los calabacines y espolvoreamos con sal, especialmente sobre las patatas.

Dejamos cocer en el horno de 75 a 90 minutos, hasta que las hortalizas se ablanden del todo y tomen color. Si fuese necesario, podemos añadir un poco más de agua durante el horneado. Apagamos el horno y dejamos la bandeja dentro unos 15 minutos. Este plato está más bueno cuando se deja reposar un par de horas.

Sugerencia: si nos apetece una versión menos vegetariana, tan sólo es necesario añadir al relleno carne picada de cerdo y ternera a partes iguales.


miércoles, 6 de abril de 2011

Pastel de té Matcha y frambuesas

Después de unos días de ausencia, retomo la actividad con una receta a la que le tengo especial cariño. El año pasado recibí el encargo de concebir un dulce que tuviese como principal ingrediente el té (en cualquiera de sus variedades). Y el resultado fue un pastel de dos pisos compuesto por un bizcocho de té Matcha y un relleno de crema y frambuesas, todo ello cubierto por una deliciosa crema de vainilla.

Os contaré cómo fue el proceso de gestión de este pastel. Por aquella época había aprendido a preparar el angel food cake, un bizcocho típico estadounidense que había probado en Nueva York. Con esta receta se obtiene un bizcocho alto y super esponjoso (gracias a su base de merengue). No es nada difícil de hacer, aunque tiene su técnica. Os aconsejo que leáis los valiosos consejos que recoge Bea de El Rincón de Bea en su tutorial paso a paso, que además está repleto de ilustrativas imágenes.

Decidí que el angel food cake fuese el bizcocho base de este pastel y lo personalicé añadiéndole el té Matcha. Se ha escrito mucho sobre este versátil ingrediente —pincha aquí, aquí y aquí para obtener más información—, pero yo destacaría que este té en polvo suele aportar a los platos un fresco toque a hierba y, por supuesto, un atractivo e inconfundible color verde. Hoy día podemos encontrarlo en infinidad de preparaciones culinarias y siempre resulta sorprendente.

La combinación de té Matcha y frambuesa también es bastante habitual, no sólo por el perfecto maridaje de sabores, sino también por el precioso contraste de colores que ofrece.

En cuanto al montaje del pastel, decidí también emplear una técnica que aprendí en Nueva York. Durante mi visita a la gran manzana tuve la oportunidad de estudiar bien la repostería americana y quedé fascinada con la perfección con que se decoran las tartas de dos, tres y cuatro pisos. También descubrí por primera vez el concepto de frosting, es decir, una crema con la que se cubre un pastel o un cupcake. Son cremas finas y sedosas que, lejos de ser pesadas, realzan tanto el sabor como el aspecto de los dulces (ya que pueden encontrarse en mil formas y tonalidades). A la hora de preparar una crema para decorar una tarta hay varias recetas base, pero en esta ocasión opté por una crema de mantequilla y queso crema, lo que en inglés se conoce como cream cheese buttercream.

Sé que no es muy objetivo que yo lo diga, pero creo que el resultado de esta combinación es excelente. Prueba de ello es el éxito que ha cosechado este pastel en La Tetería, donde se ofrece desde el año pasado entre otras de sus muchas propuestas dulces. Os animo a todos a que os paséis a degustarlo y me contéis qué os ha parecido.




Ingredientes:
Para un molde de 25 cm de diámetro

Para el angel food cake de té Matcha:
12 claras de huevo (350 g aprox.)
110 g harina tamizada
400 g azúcar
¼ c.c. sal
1 c.c. cremor tártaro
½ c.c. extracto de vainilla
15 g té Matcha

Para el frosting:
300 g mantequilla (en pomada)
300 g queso crema (frío)
165 g azúcar lustre
½ - 1 c.c. extracto de vainilla

100 g frambuesas frescas (congeladas)

Preparación:

1. Precalentamos el horno a 170ºC.

2. Pesamos todos los ingredientes.

3. Tamizamos la harina junto con el té Matcha dos veces.

4. En un bol profundo batimos las claras de huevo, el cremor tártaro y la sal con las varillas eléctricas a Vel-1 durante medio minuto. Aumentamos la velocidad de la batidora (Vel-2) y continuamos batiendo unos 3 minutos hasta que las claras hayan montado y consigamos que se formen picos blandos.

5. Bajamos la velocidad (Vel-1) y vamos incorporando el azúcar de cucharada en cucharada hasta que consigamos un merengue de aspecto brillante.

6. Incorporamos el extracto de vainilla y batimos 1 minuto más hasta que las claras estén firmes.

7. Tamizamos sobre el merengue unas tres cucharadas de la mezcla de harina y Matcha. Mezclamos con una espátula haciendo movimientos envolventes hasta que no queden rastros de harina. Repetimos la operación un par de veces, procurando siempre conservar al batir el máximo aire posible en nuestra masa.

8. Pasamos la mezcla al molde con cuidado, asegurándonos de que la masa quede uniformemente repartida.

9. Horneamos durante 40 minutos, sin abrir la puerta. Comprobamos que el bizcocho esté listo insertando un palillo cerca del centro. Si éste sale seco, el bizcocho está listo. De lo contrario, dejamos cinco minutos más y volvemos a hacer la comprobación hasta que el bizcocho esté completamente cocido.

10. Retiramos el molde del horno. Le damos la vuelta y lo dejamos enfriar boca abajo durante unos 40 minutos. Pasado este tiempo, desmoldamos y dejamos el bizcocho sobre una rejilla hasta que enfríe totalmente.

11. Preparamos el frosting o crema de vainilla. Para ello pesamos todos los ingredientes. Dividimos el queso crema en dos recipientes de 175 gramos cada uno, y tamizamos el azúcar lustre un par de veces. La dividimos en tres recipientes con 66 gramos cada uno.

13. Con unas varillas eléctricas, batimos a Vel-3 la mantequilla junto con el azúcar, que incorporaremos en tres veces (unos 2 minutos por cada incorporación). Cuando esté bien mezclado, añadimos el queso crema en dos veces (unos 3 minutos por cada incorporación). Probamos para comprobar que el azúcar se ha disuelto por completo y queda una crema sedosa y esponjosa.

14. Añadimos el extracto de vainilla y batimos hasta que quede perfectamente incorporado.

15. Ha llegado el momento de montar el pastel. Una vez se haya enfriado completamente, cortamos el bizcocho por la mitad. Yo lo hago con un artilugio que compré en IKEA concebido expresamente para tal fin (pincha aquí para verlo)


16. Colocamos una buena capa de frosting y sobre ella repartimos las frambuesas (ya descongeladas).

17. Colocamos de nuevo la parte superior del bizcocho.

18. Cubrimos el pastel con el frosting. Para ver la técnica de cómo cubrir el pastel con esta crema, casi mejor os propongo que veamos unos vídeos porque más vale una imagen de YouTube que cientos de palabras volando. El primer paso consiste en sellar las migas del bizcocho con un poco de crema y dejar enfriar en el frigorífico para que se endurezca un poco la capa exterior. Pincha aquí para ver un vídeo en español. El segundo paso consiste en recubrir con crema la parte superior del pastel y, a continuación, los laterales. Por último, redondeamos los bordes hasta obtener una superficie lisa y suave. Pincha aquí para ver cómo se termina el pastel. También podéis ver este vídeo en inglés en el que se explica el proceso de forma muy clara y concisa.

19. Por último, podemos decorar la superficie espolvoreando un poquito de té Matcha con un tamiz de malla fina o un colador.

20. Es importante cortar este pastel con un cuchillo de sierra.

Sugerencia: para preparar este bizcocho como dios manda, es necesario utilizar un molde especial. Yo me traje uno de Nueva York, pero también es posible comprarlo por Internet. Por otra parte, he probado a hacer el angel food cake en un molde de corona normal (como éste de IKEA) y también sirve, aunque el resultado no es tan espectacular.